Anaís agradeció con un leve asentimiento y salió del despacho. Caminando por el pasillo, se encontró de frente con Ernesto, quien regresaba tras dejar a su madre bajo la custodia de Rogelio.
Sus ojos se encontraron, y Ernesto se detuvo por un instante antes de tomarla suavemente de la mano.
— Todo bien? — preguntó, su voz cargada de preocupación.
Anaís asintió, apretando ligeramente su mano en señal de apoyo.
— Estoy bien. ¿Y tú?
Ernesto suspiró, como si intentara liberar algo de la presión que