43 - Saldrás de esta pesadilla...
El rechinar de las bisagras oxidadas anunció la llegada de alguien nuevo. Lucrecia, que estaba sentada en el rincón oscuro de su celda, alzó la vista con una mezcla de curiosidad y desdén. No había tenido compañía desde su ingreso, y la soledad había comenzado a calar en su ser, aunque no lo admitiría. La figura de una joven, vestida con ropas de calle desgastadas y manchadas, fue empujada violentamente al interior de la celda por un oficial robusto. La muchacha cayó de rodillas al suelo, su ca