41 - Habla con tu prometida...
Anaís se acomodó el abrigo al descender del coche, sintiendo el peso de las miradas curiosas mientras caminaba hacia la jefatura. La tensión en el aire era palpable. Ernesto, sentado al volante, no apartó los ojos de ella hasta que desapareció detrás de las puertas de vidrio.
Él sabía que su madre, Estefanía, estaba adentro. Aquello no era una coincidencia. Las últimas semanas habían sido un torbellino de revelaciones y traiciones, pero nada lo había preparado para enfrentar a su propia sangre.