Capítulo 12 — Nadie debe saberlo
Narrador
Sonriendo en un intento de ocultar su afán de sacar a Fabián de allí, Herodes se colocó erguido de nuevo, y metiendo las manos en su bolsillo, soltó:
— ¿Cuánto dinero te debe? ¿30 mil? ¿70 mil? — Preguntó, sabiendo que en ese mundo un solo centavo podría costarle la vida.
— 200 mil — Respondió Agusto como si fuera la cifra del año, sin titubear, sin pensarlo, a lo que Herodes bufó antes de soltar:
— ¿200 mil? ¿Por eso hiciste que saliera de casa a estas horas? Por 200 mil, Agusto — Agitó su cabeza en negación, pensando que era una verdadera estupidez—. Hagamos algo, porque ya me quiero ir a dormir... Yo me hago cargo de la deuda, pero lo quiero vivo.
Herodes se acercó a Agusto para decir sobre su rostro, sabiendo que cualquier insistencia de su parte no solo arriesgaría a Fabián sino también a él:
— Ese idiota me debe mucho más que eso, y muerto no me sirve para nada — Agusto se interesó en esto—. El peor castigo de Fabián es ver cómo me quedo