Mundo ficciónIniciar sesiónEl desafío ardía brillante en los ojos de Severen.
No podía —no quería— contemplar la idea de que Grasya perteneciera a alguien más. No podía aceptar que su corazón ya no latiera solo por él. La mandíbula se le tensó hasta que el músculo saltó, la mirada lo bastante afilada como para cortar cristal.—¡Solo me ama a mí! —gruñó—. Lo sé. Desde que éramos niños. Siempre he sido yo.—Amaba. —Helios acentuó la única palabra como una cuchilla retorciéndose en una herida ab






