Capítulo 78.2

Poco a poco bajó la manta. Las mejillas le ardían todavía; unos mechones le caían sobre el rostro. Él se los apartó con suavidad, metiéndolos detrás de la oreja, y la miró a los ojos: firme, serio, adorando.

—¿Qué? —susurró ella, de pronto tímida.

—Si nuestra primera hija es una niña… quiero que se parezca exactamente a ti.

Grasya parpadeó, los labios entreabiertos de sorpresa.

—¿Primera hija? ¿Quieres decir… que quieres m
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