Mundo ficciónIniciar sesiónSeveren casi se precipitó fuera del taxi en el instante en que el vehículo se detuvo frente a las rejas de su casa. El cuerpo le pesaba como plomo; cada músculo temblaba, débil y dolorido. Gemía con cada paso. Un dolor sordo y constante le recorría de la cabeza a los pies. Cuando las manos rozaron el concreto, se estremeció: los dedos hinchados, en carne viva, surcados de cortes y moretones frescos.
Aquel demonio que lo había secuestrado… no era humano. Era un monstruo. Severen había






