Sus fríos y desinteresados ojos azules pasaron fugazmente, por el reloj de pared en su sala… pasaban apenas de las diez de la mañana y un vaso de whisky ya ocupaba su mano, atravesó la estancia y se dirigió a pasos lentos hasta el balcón, deslizó la puerta de cristal y una corriente de aire frío lo recibió haciéndole ondear suavemente su larga rubio.
El día ya era un fastidio, una llamada de Stefano lo había levantado de la cama y no tenía ánimo de asistir a la empresa o continuar con su tesis…