Giovanni la tomó por los hombros y la obligó a girarse y a apoyarse en su pecho nuevamente.
— Yo te voy a ayudar… solo un poco — le susurró el rubio cerca del oído y olfateó el fresco aroma de su sedosa cabellera, aquella que emanaba aquel olor de ella, su olor intimo que despertaba cada uno de sus instintos y lo hacía babear, aquel aroma que le gritaba a cada poro de su piel que ella era su compañera. En esa ocasión la traía sujeta dejando ver su delicado cuello femenino, en realidad, lucia f