—Giovanni— lo nombró jadeante y agotada.
Luego de un par de segundos el cuerpo del rubio se tensó sobre ella y sintió su grueso miembro casi palpitar al derramar su blanquecino semen en su apretada cavidad.
—Lo siento— dijo Regina al intentar calmar su respiración, acarició la piel de su sudada espalda y encontró la larga trenza resbalando por la misma… jugó con uno de sus dedos con ella.
—No te preocupes… es difícil— respondió seguro de lo que le preocupaba—aunque…—añadió besando sobre la marc