—¿Te molesté? — preguntó seriamente, su mirada ámbar era profunda. De verdad le preocupaba, no había soltado su mano, pero no se atrevía a acercarse más.
—No— aclaró prontamente.
—Yo creí que…
—No importa…— lo interrumpió, no sabía por qué, pero sentía que esa conversación iba a doler al finalizarla. —…no tiene importancia – dijo la joven con decepción.
—¿Qué? — Giancarlo cuestionó incrédulo.
—Fue algo que malinterpretamos…— dijo y pasó saliva, lo vio y fingió una sonrisa. —…tú no querías hacer