Al día siguiente, esperaba ver a la razón de sus males, pero no la había encontrado en ningún lado.
—Espera Giovanni— habló Erick, uno de sus ingenuos trabajadores humanos, siguiendo al rubio por el pasillo.
—¿Qué demonios quieres Erick? — preguntó Giovanni fastidiado sin detener su camino.
—¿Volverás a correr el fin de semana? — cuestionó interesado.
Ambos hombres acostumbraban a participar en las carreras clandestinas a las afueras de la ciudad, Giovanni había iniciado por diversión motivado