84. Liberarse
Andrea sintió que su corazón se detenía. La idea de enfrentarse a la madre de Javier en su estado actual la aterrorizaba y menos si había presenciado lo ocurrido.
No quería que la hiciera pasar un mal momento, porque, así como tenía los nervios, era capaz de decir cualquier imprudencia. Así que negó, a pesar de la decepción en el rostro de Javier.
—No me mires así. Podemos vernos otro día. Con tu hermana cocinaremos el fin de semana, puedes ir —dijo, acariciándole la mejilla en un gesto que so