46 Ella es mi madre.
La sonrisa en los labios de Harum se hizo aún más grande, cuando Lukyan se puso de pie y tomo de un brazo a Dasha, sacándola de la sala, como quien saca a un perro que se metió sin permiso a la casa.
— ¿Qué rayos haces? Suéltame. — se quejó apretando los dientes una vez que estuvieron fuera del avista de los demás.
— Vuelves a coquetear con mi primo y juro que pondré una bala en medio de tu frente. — definitivamente Lukyan no sabía lidiar con los celos, y solo se dio cuenta de ello cuando vio