Arianna
Me di la vuelta y aun en la oscuridad, pude ver como una sonrisa se extendía de oreja a oreja en su rostro. Ya lo conocía lo suficiente para saber que por sus venas corría un deseo irrefrenable.
—¡Me has asustado! —Exclamé —Pensé que era la loca de tu recepcionista que iba a asesinarme con una pluma y quizás un plumón —el corazón comenzó a palpitarme con fuerza, cuando una carcajada brotó de sus labios—. ¿Por qué me estabas siguiendo como todo un demente? —Le reclamé y él me atraj