Arianna
Me acomodé nerviosa en la silla de la sala de espera. Percibía un zumbido agudo en los oídos, al que pronto se le sumó una sensación de entumecimiento que trepó por mis piernas.
—¿Ari, te encuentras bien?— Preguntó Sofía, colocando su mano sobre mi hombro —. Estás temblando, y puedo sentir tus dientes castañeando.
—Estoy bien… —Mentí, aunque bien sabía que nada se le escapaba.
—No estés asustada. No importa los que pase. Voy a estar allí contigo —. Sonreí a pesar de que sabía q