Aquiles
Era la segunda noche que estaba en una celda preventiva, a la espera de que el juez tomase mi declaración al día siguiente. La primera noche estuve solo; sin embargo, podía escuchar el chirrido de las rejas cerrándose y abriéndose. No importaba la hora, el chirrido se repetía incesantemente. Recordándome que estaba encerrado y que los horarios, los marcaba alguien más.
Aquella noche, fue aún peor, porque me arrastraron a través del pasillo, hasta una celda donde se encontraban otros