Aquiles
El aire que nos rodeaba parecía haber descendido diez grados en solo unos cuantos segundos.
Sus ojos se encontraron con los míos, antes de que pudiese apartar la mirada. Me estremecí, sin embargo, él me llamó para que me volviese nuevamente hacia él.
—Señor... —Mis piernas no dejaban de temblar. E hice un gran esfuerzo para permanecer erguido.
—Yo no lo hice —. Bajé un peldaño, alzando las manos —Fue él mismo, quien disparó —Walter miró a Marcos tendido en el des