Los controles prenatales comenzaban a ser una agradable tortura para Verónica. Siempre que acudía a uno, salía de la sala asombrada, con ese sentimiento de conexión que no podía ser ignorado. Escuchar los latidos del corazón de su bebé cada día más fuerte y rápido, ver su pequeña silueta en la pantalla de la ecografía, especialmente cuando se movía, la llenaba de una profunda alegría. Por lo general asistía sola; sin embargo, en ese día, Rodrigo se había ofrecido a acompañarla.
—¿Está todo bie