Enzo no necesitó pensarlo demasiado para saber que Javier se encontraba en el club Cresta; allí solía reunirse con muchos socios y hombres de negocios.
Justo como lo imaginó, estaba en el lugar, deleitándose con una copa o, al menos, eso fue lo que le pareció, porque se movía con gracia, levantando la mano con fingida delicadeza y llevándose la bebida a los labios como lo haría un aristócrata.
Cualquiera que lo mirara desde su posición pensaría que era un hombre íntegro y no la basura que muy