Enzo se levantó de la cama tan pronto como la bata cayó al suelo. El cuerpo desnudo de la mujer no provocó en él más que rechazo.
—¿Qué demonios estás haciendo? —espetó, con el ceño fruncido por la rabia que le provocaba que viniera a presentarse así, como una puta barata. Al parecer ya ni siquiera se respetaba a sí misma.
Eloísa se mordió el labio inferior, en un intento torpe de seducirlo, pero él no le dio oportunidad.
—¡Vístete y sal de aquí!
—No quiero dormir sola —susurró, dando un paso m