Las noches apasionadas comenzaron a repetirse de una manera constante. Puntualmente, Enzo estaba en la puerta de su recámara, quitándose el saco y desnudándose ante sus ojos.
Era una visión fascinante. Una perfecta combinación de altura y músculos.
La tomaba de diferentes formas y posiciones. En la cama, en la bañera, en el sofá reclinable, cualquier sitio parecía ser perfecto.
Siempre estaba muy ansioso y caliente y ella, bueno, ella no se quedaba atrás tampoco.
Al menos ahora podía decir q