La voz de Enzo le hizo cosquillas en la nuca, cuando firme y decididamente le advirtió a su hermana que no iba a tolerar que le volviera a poner una mano encima.
—¡¿Y usted quién se cree que es para darme órdenes?! —replicó de forma altanera.
—Soy la persona que tiene el poder para hacer que tu maldita beca desaparezca para siempre —habló tajante, dejándola en silencio.
—Enzo, no, por favor…
Valeria no tuvo más remedio que intervenir. Si dejaba que su marido cumpliera con su cometido, entonces