Maite observaba intensamente a Miguel, mientras su corazón se retorcía de angustia. Sus preocupaciones se multiplicaban como una red invisible que le oprimía el pecho, dificultándole respirar.
Intentó captar alguna emoción en los profundos ojos de Miguel, pero solo encontró la superficie calma de un lago, imposible de adivinar las corrientes que fluían debajo.
Su corazón latía inquieto. ¿Acaso Miguel sabía algo?
—Papi, ¿por qué no dices nada? —la voz infantil los trajo de vuelta a la realidad.
M