—¡A usted! —respondió Mario—. La señorita Abril parece haber salido del mismo molde que usted.
Miguel frunció el ceño. Todos decían que Abril se parecía a él, pero él siempre sentía que sus ojos eran idénticos a los de Laura: claros y brillantes como las estrellas del cielo.
—¡Me parezco a papi, soy bonita! —exclamó Abril levantando la vista de sus juguetes, su rostro resplandeciente como una flor. Con su limitado vocabulario, "bonita" era el mejor cumplido que conocía.
Miguel sonrió. —Sí, te pa