Un escalofrío recorrió la espalda de Jenny. Durante todos estos años, Miguel había mostrado una fachada tan amable que casi había olvidado que en realidad era un lobo feroz, el tipo que no deja ni los huesos de sus presas.
La calma inquietante de ese día, después de que Miguel descubriera tanto la noche anterior, era demasiado sospechosa. Además, Luis le había dicho que zarparían mañana por la noche, pero repentinamente llamó esa tarde para adelantar la partida. ¿Podría ser una trampa? El pensam