—¡No te asustes! Espera a que llegue —la voz de Fabio también transmitía cierta urgencia.
Laura asintió. —¡Está bien!
Aunque quería decir que no tenía miedo, la verdad era que estaba aterrada. Si el hombre en la puerta no era su maestro, sino alguien disfrazado, ¿cuál sería su propósito?
—No cuelgues el teléfono. Si pasa algo, llámame —susurró Fabio.
—Fabio, no te apresures. Conduce con cuidado —dijo Laura, tratando de mantener la calma.
—¡Lo sé!
Laura escuchó el sonido del motor del