Laura estaba decidida a no aceptar la revocación de la solicitud de divorcio. Miguel observaba su espalda, entornando los ojos. Recordaba cómo ella lo había amado antes, y ahora no quedaba ni un ápice de amor en su mirada. Algo de dolor se instaló en su corazón.
Nada más salir del ayuntamiento, Laura recibió una llamada de Patricia. — ¿Dónde estás? — preguntó Patricia alegremente. — Para celebrar tu nueva libertad, he reservado una mesa en Casa Roja. ¿Quieres que te recoja?
— Puedo ir sola — res