En el pasado, cuando sufría maltrato en casa e iba a buscar a Santiago, siempre lo encontraba esperándola en la entrada, haciéndola sentir reconfortada.
Después de tantos años, ver una escena similar inevitablemente despertaba sus recuerdos.
Al verla bajar del auto, Santiago se acercó para ayudarla. —¿Está bien tu pierna?
—¡Está bien! —Laura esquivó su mano—. Hace frío aquí fuera, vamos a hablar adentro.
Ya no eran los jóvenes que podían tomarse de las manos; ahora debían mantener las distancias