El momento íntimo se rompió abruptamente.
—¡Bájame! —Laura lo empujó rápidamente.
Miguel no tuvo más remedio que dejarla en el suelo. Laura saltó sobre un pie hasta llegar al sofá. Tomó el libro que estaba a su lado y comenzó a leer.
Miguel sacó su teléfono para contestar.
—Señor Soto, la señorita Urquiza acaba de despertar y está llorando, ¡dice que quiere verlo! ¡Amenaza con suicidarse si no viene! —la voz de Mario sonaba angustiada—. ¿Cuándo puede llegar?
—¡Voy para allá! —Miguel colgó y miró