Sandra se tranquilizó al ver a Miguel cargando a Laura. Parecía que su relación había mejorado y ya no tendría que preocuparse de que la señora se fuera.
Laura ocultaba el bello rostro en el pecho de Miguel mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Antes de que pudiera pensar más, ya estaban en el baño. Sintió el frío y al volver en sí, se encontró justo frente al espejo.
Se alarmó y dijo apresurada:
—Necesito ir al tocador.
Miguel entrecerró los ojos:
—Ah, ¿sí? —su tono sonaba peligrosament