Aunque Laura estaba físicamente agotada, su mente seguía alerta:
—Estoy muy cansada, me duelen los brazos.
Miguel la miró con ternura, enternecido por su dulzura:
—Es lo que pasa por esforzarte tanto.
En tres años de matrimonio, esta vez había sido diferente. Quizás porque era la primera vez que ella tomaba la iniciativa de esa manera.
—Si no me esforzaba, ¿cómo ibas a disfrutarlo? —a pesar del cansancio, Laura seguía en guardia, temiendo que él volviera a intentar algo.
La nuez de Adán de Migue