Lo de Santiago y ella... no era algo que se pudiera explicar tan fácilmente.
Miguel le clavó una fulminante mirada:
—¿Por qué te tocas el vientre? ¿Estás embarazada?
Laura sintió que se le helaba la sangre y respondió de forma atropellada:
—¡Me duele el estómago, por eso me lo toco! ¡Siempre nos cuidamos, es imposible que esté embarazada!
Su tono desesperado la hizo sonar aún más sospechosa.
Miguel se tornó más furioso:
—Más te vale no estar embarazada, porque si no...
Era cierto que siempre se