Miguel entró al comedor hecho una furia, con una expresión tan de pocos amigos que daba miedo.
Laura se puso tensa al instante y, por impulso, escondió con rapidez el celular detrás de su espalda, temiendo que lo revisara.
—Ya... ya llegaste —tartamudeó nerviosa.
Miguel se plantó justo frente a ella y la miró fijamente con sus ojos oscuros y penetrantes, como si quisiera leerle la mente.
Laura pensó de inmediato en el estudio de Patricia e intentó desviar la atención:
—¿Por qué no subes a cambia