Alexei salió del club con el corazón acelerado, mientras sentía que la bilis iba subiendo de a poco por su garganta. La pequeña cámara oculta en su solapa había capturado los horrores indescriptibles que acababa de presenciar, las pruebas que necesitaba para hundir a Viktor Sokolov de una vez por todas.
Cuando llegó a su auto, se desplomó contra el volante, las imágenes de esas pobres chicas sometidas y torturadas se repetían en su mente, atormentándolo. ¿Cómo podía existir tanta maldad en el m