No resulta divertido en lo más mínimo lo que me está diciendo Noah, pero, me sirve que me diga todo esto para confirmar que por nada del mundo puedo permitir compadecerme o quererlos.
Ellos no quieren a alguien, solo aman jugar con los demás y yo no puedo ser una más que cae en su trampa como una tonta. Así que, me levanto quejándome por sentir dolor en la herida de mi cuerpo
— Marcela, debes descansar.
— Sabes eso y aun te atreves a venir aquí a molestarme.
— Lo que quiero es asegurar que