Chris.
—¿Y bien? ¿Está todo listo? —le pregunté a Elisa.
—Bebidas, aperitivos, música, entre otros —Anotó en una lista que tenía en sus manos—. No falta nada.
Estaba en el bar junto a ella y otros cabecillas que encargué para que descargaran los camiones con todo lo que usaríamos en la fiesta.
—Perfecto, ¿el barman qué carajos hace que no llega? —Moví el pie repetidas veces—. Deus también se está tardando.
—¿Por qué no nos relajamos un poco tú y yo? No hemos descansado nada —habló, mordién