Lilia.
Después de escuchar sus palabras cerca de mi oído, una ola de calor me invadió. Mis manos se aferraron a la sábana de la cama, suplicante.
No quería que se detuviera.
Ese hormigueo intenso predominaba en mi cuerpo y no cesaba. Era como si su miembro estuviera jugueteando en el punto exacto dentro de mí..
—S-Sigue, por favor…
—No me detendré hasta acabar con esto, Lilia —dictaminó, decidido.
No podía ver su rostro, pero me bastaba con oír su voz ronca y gruñona. Él no dejaba de move