Lilia
—La fiesta es en una semana, ¿no? —pregunté, aprovechando que Chris había llegado hace un rato a la habitación.
—Sí, discúlpame si he estado muy ocupado para verte seguido —Se dejó caer en la cama, justo a mi lado.
Su brazo rodeó mi vientre, ya que yo estaba acostada boca arriba. La simple presencia de Chris me hacía sentir en paz, como si su compañía me brindara la calma que siempre quise y no sabía cómo obtener.
Sonreí.
—No ha estado tan mal encontrarme solo a Deus en el comedor —m