Lilia.
Me acerqué hasta quedar de rodillas y apoyar mis brazos sobre la camilla, llorando desconsolada porque papá estaba vivo.
Una máquina detectaba su pulso, y estaba estable, por lo que me sentí agradecida con el universo.
—G-gracias a Dios —balbuceé, con el moco flojo.
Él como pudo levantó su mano izquierda y me acarició la cabeza con nostalgia.
—Sabía que vendrías a verme... —habló, con una sonrisa a penas notoria—. ¿Cómo has estado?
La expresión inocente en mi padre me rompió el corazón p