Lilia.
El día de la gala benéfica y mi posible huida había llegado. Me miré una última vez en el espejo con el vestido que compró Chris para mí.
Era de una tela brillante y roja, que combinaba con mi labial tan intenso que hasta a mí me chillaba. Mi figura esbelta se resaltaba gracias a lo apretado que estaba.
Tenía que admitir que ese corte no me quedaba mal, era cómodo y me cambiaba totalmente la cara.
La puerta se abrió.
—¿Estás lista? —preguntó Chris, sacudiendo su esmoquin.
Me quedé sin h