La voz de Peter murió en el aire de forma abrupta. Massimiliano se había girado hacia él con la velocidad de un latigazo. Su postura, inclinada protectoramente sobre el cuerpo dormido de Alisson, era la de un depredador custodiando lo suyo. Antes de que el asistente pudiera emitir una sola sílaba más, Massimiliano levantó la mano libre y se llevó el dedo índice a los labios. Fue un gesto simple, pero la intensidad gélida y autoritaria en sus ojos zafiro transmitió una orden absoluta e incuestio