Apresurándose salió de sus habitaciones en dirección al ala donde se encontraba hospedada Juliette a encargarse el mismo del no deseado visitante nocturno.
Eros se sentó cómodamente en el único sofá que no había destrozado, mirando como la hermosa rubia que yacía en el suelo frente a él se tocaba la garganta intentando inhalar el tan preciado oxígeno que comenzaba a hacerle falta a sus pulmones cuando decidió soltarla.
— Soy muy tolerante amor, lo sabes, y también debes saber que por ti soy cap