— No te dejare sola de nuevo...nunca más...— dijo Edmond abrazando oculta en su pecho a la rubia sin desear dejarla irse, sin importar nada más que aquel curioso sentimiento que ambos compartían.
La noche era mudo testigo de aquel beso apasionado…desesperado, de aquel primer amor que dos jóvenes lastimados e inexpertos compartían sin entenderlo aún, de aquellas caricias mustias que se regalaban intentando colmar la soledad del otro, recostados en la cama de la chica se quedaron abrazados miránd