El trayecto a la mansión había sido silencioso, tanto, que comenzaba a extrañar la grácil sonrisa de la rubia, recordando los malos chistes y el florido sarcasmo de la joven, comenzó a sonreír sin percatarse de ello, los árboles lucían espectrales en medio de las ya oscuras praderas que se cubrían de un manto de neblina y nubes negras presagiando una nueva tormenta que desplazaba de nuevo la cálida luz de los rayos de sol, el panorama lucía tan triste y lúgubre que parecía que toda la alegría y