— ¿No me piensa responder señorita? — cuestiono de nuevo el anciano portero con demasiada preocupación en su tono de voz.
— Iré a visitar a un amigo enfermo — respondió Juliette con un deje de dudas, evidentemente estaba mintiendo.
El anciano la miro con incredulidad.
— Mi amable señorita ¿Tu amigo no puede esperar a que deje de llover? — cuestiono el viejo portero aún más mortificado por su obvia mentira.
— No, no puede, no tengo más opción que ir, no se preocupe, todo estará bien — respondió