— Querida, yo no soy como los demás, y, en efecto, no aceptare un no por respuesta, si me rechazas esta cordial y amable invitación temo que no te dejare ni un segundo en paz y puedes creerme si te digo que tengo mis métodos para siempre obtener lo que quiero — dijo con suficiencia y arrogancia el adonis pelinegro.
Juliette sonrió de manera inocentemente fingida, por supuesto que había captado la nada sutil amenaza que los labios carmín del adonis Fernand, habían escupido sobre ella, no podía n