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Fernando sonrió sintiendo como su pecho se inflamaba de dicha ante aquel juramento dicho por su amada. Tomando las manos de su casi esposa, el apuesto rubio tatuado se sintió tan feliz como nunca antes.

— Aitana Mendoza, yo te prometo aquí y ahora, amarte y protegerte, prometo respetarte y acompañarte cada uno de nuestros días en la salud y en la enfermedad, prometo hacerte feliz, llenar de luz cada uno de tus días, mi dulce ángel, construyendo esta relación día tras día, piedra por piedra, sin
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