— Buenos días, Aitana. — dijo Fernando logrando sorprender a la hermosa castaña, quien saltó hacia atrás.
— Yo…iré a ver qué tienes en la nevera para preparar algo para que desayunemos. — ofreció la castaña tímidamente.
Mirándola, el hombre notó los ojos hinchados de su prometida, así como sus marcadas ojeras; había llorado desconsolada durante casi toda la noche hasta quedarse completamente dormida, y lucía realmente agotada.
El ataque que sufrió, junto a lo ocurrido con su mascota y enterarse