2:

—Necesitaras usar collarín unos días, afortunadamente el accidente no fue grave, la bolsa de aire ayudó, pero la cuenta del hospital aún no se ha liquidado, no tenías fondos suficientes en tu tarjeta…también traje el vestido de novia, lo recogí de la tienda en donde mandaste arreglarlo, hoy debías de pasar por el…realmente lamento tanto lo que te han hecho. —

Las palabras de su amigo Ramon no eran escuchadas con demasiada importancia por Aitana que tan solo miraba por la ventana de la habitación del hospital en donde había sido ingresada después del accidente que tuvo después de manejar a gran velocidad; estaba casi segura de que había visto a Alejandro caminando hacia ella antes de perder la conciencia, sin embargo, le habían dicho que el nombre de quien la sacó de su viejo auto, fue un hombre llamado Fernando.

 —¿Me estas escuchando Aitana? — cuestionó Ramon.

Aitana asintió, sin embargo, no le sorprendía que su padre no hubiese pagado la cuenta médica del hospital, después de todo, apenas ella había cumplido la mayoría de edad, y la habían hecho saber que los Mendoza no pagarían ninguna de sus cuentas, pues a pesar de ser la hija mayor de Augusto, el millonario empresario la trataba con desprecio desde el momento en que volvió a casarse con la madre de Ainara, pues la mujer y su hermana menor odiaban que él le mostrara afecto o le ayudara con sus problemas económicos y no le permitían hacerlo.

Mirando aquella caja blanca en donde estaba su vestido de novia, las lágrimas nuevamente brotaron de sus ojos verdes, aquel vestido era su sueño hecho realidad y una promesa hecha entre ella y su abuela, pero ya no podría usarlo. Ignorando sus dolorosos sentimientos, la joven de cabellos castaños miró a su amigo.

—Por favor, déjame ver mi celular... — respondió Aitana.

Ramon resopló.

—Es increíble que la hija mayor de un millonario viva casi como una vagabunda…me parece impensable que aun así ese maldito de Alejandro haya preferido casarse con Ainara…esa perra…saldré un momento para ver qué puedo hacer. — dijo el joven de piel morena alcanzándole el teléfono a su mejor amiga y colega y luego salir de la habitación.

Aitana sonrió con tristeza ante aquel comentario. Sin embargo, al mirar que su cuenta apenas tenía lo suficiente para cubrir la renta de su pequeño departamento por ese mes, y algo más para sus alimentos, sonrió mostrando una sonrisa triste, su vida se le había desmoronado en sus manos, apenas hacia unas horas atrás, ella era la prometida de Alejandro, el amor de su vida y con quien había soñado casarse durante gran parte de ella, y ahora, por una supuesta enfermedad de su hermana, algo que se sentía mucho más como un capricho de ella, sus sueños los veía hecho pedazos.

En la soledad de aquella habitación, Aitana escondió su rostro entre sus manos, y lloró.

Aquel llanto amargo le emergió desde lo más profundo de su alma, pues se sintió tan sola, tan rota en ese momento, que no pudo evitar soltar aquel llanto que había reprimido desde lo ocurrido con Alejandro.

Aun cuando Ainara era su media hermana, aun cuando ella aseguraba estar tan gravemente enferma, ¿Por qué tenía que ser Alejandro el hombre que ella deseara como su marido? Desde niñas, su media hermana deseaba siempre lo poco o nada que ella tenía, y toda su vida se había visto despojada de ello en favor de aquella que parecía disfrutar de su dolor.

—¿Por qué ha pasado esto? — dijo Aitana para sí misma sin ocultar su llanto...ni su decepción.

Alejandro había sido todo para ella, y cada sueño de amor color de rosa que una vez se permitió tener, habían sido con él a su lado.

Conocer Edimburgo, pasear por los rincones más hermosos de México, visitar las pirámides en Egipto, y, sobre todo, vivir la vida entera junto al otro, con sus penurias, con sus alegrías, y formar una familia con él, el único hombre al que ella amaba y había amado, ver pasar los años a su lado para luego envejecer mientras disfrutaban de su familia…de ellos mismos.

Pero todo eso ahora mismo ya no existiría más, ni en sus sueños más profundos, ni en la más dolorosa realidad, pues Alejandro, conmovido por la historia de Ainara, la había abandonado…y aun cuando decía que solo sería mientras su media hermana se hallaba tan terriblemente enferma, su corazón le decía que no sería de tal manera…ella había perdido a Alejandro para siempre, y tampoco, podría perdonarlo por romper sus sueños…los sueños que habían añorado juntos.

En ese momento, sin embargo, un par de hombres entraban junto a Alejandro y Ainara, uno de ellos era su padre, Augusto Mendoza. Alejandro miraba su teléfono con atención.

—Aitana, me han llamado para pedirme que liquide la cuenta de tu estadía aquí mismo, pero no estoy aquí por ello, ya debes de saber que no voy a cubrir nada de lo que ocurra contigo, y sé que esto te lo has provocado como un berrinche por la decisión de Alejandro de casarse con tu hermana en lugar de contigo. — dijo Augusto.

Tal y como podría esperar de su progenitor, en lugar de preocuparse por ella, le reprochaba sobre su accidente y reafirmaba una vez más que ella no era importante.

—Papá, por favor no digas eso, creo que debemos de pagar la cuenta de mi hermana, después de todo, aunque se haya provocado esto, realmente salió herida, y es normal que se sienta tan destrozada, ella ha amado a mi Alejandro desde que era una niña, y quise venir para decirte, hermana, que estoy dispuesta a renunciar a Alejandro, pero ni vuelvas a provocarte nada como esto…por favor. — dijo Ainara mirando a su media hermana, a quien despreciaba, al mismo tiempo que acariciaba el pecho de Alejandro para reafirmar su dominio.

Aitana apenas y si podía creer que ellos en verdad creyeran que ella se había provocado aquello, pero, en realidad, tal acusación absurda no le sorprendía en lo absoluto. Mirando a Alejandro, sin embargo, la joven quiso creer que su ex prometido seguía sintiendo algo por ella, y por ello, llegaba junto a su padre y hermana, sin embargo, notando la molestia en sus ojos, entendió que él no estaba allí por esa razón.

—Veo que estas bien, me preocupé al saber que sufriste un accidente…pero lo lamento, mi decisión no ha cambiado a pesar de esto...no quiero creer que has chocado a propósito para llamar mi atención. — dijo Alejandro con crueldad.

Aitana apenas podía creer lo que Alejandro estaba diciendo.

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